Cuando la casa, el corazón de una persona, se integra de forma natural con la vida, con la hoja que baila al viento, con el drama y la energía de la muerte corporal; cuando uno pisa descalzo la hierba, cuando la amistad no es un tesoro sino un continuo descubrimiento sin prisa ni pausa, cuando se comparte lo que uno lleva dentro, cuando se duerme en la habitación de la verdad, cuando abrimos la puerta, cuando el amor por fin desbanca a la dependencia, cuando no se exige, cuando vamos mucho más allá de los malditos y obsesionantes resultados, cuando observamos sin condicionamientos, sin nuestros juicios y vemos la energía real de la vida, cuando lo que duele duele y lo que agrada agrada y el corazón lo entiende con naturalidad... cuando la casa late por dentro sin resistencias, libre, integrada, natural... todo tiene sentido y armonía.¿Te apetece entrar?

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