02 julio 2009

Reflexionando III

Un día de estos cojo la maleta y me voy de viaje... al presente. Y es que es agotador estar todo el rato persiguiendo el futuro como si fuera la estación de la esperanza. Y no digamos los viajes eternos por el pasado, ese cementerio de recuerdos que se aferran al cerebro como las pulgas a un perro callejero.
La esperanza es posponer las cosas. No me gusta, es más real hacer y hacer y lo que llegue dependerá de la siembra.
Y es que en la vida no hay nada permanente, eterno, por mucho que los humanos se empeñen en inventar lo eterno y encerrar el cerebro con inventos ideológicos, religiosos y patrióticos. No hay más ideología que afrontar los hechos día a día; la mejor religión es compartir y como dice la famosa frase: la religión está en el corazón y no en las rodillas; y la mejor patria... en un vertedero.
¿Pero alguien se atreverá a desechar todos estos juguetes ideológicos? ¿Alguien se atreverá a dejar la necesidad de identificación?
Hay vida más allá de las palabras y hay un cerebro nuevo esperando el día en que dejemos los condicionamientos adquiridos por la heredada estupidez durante siglos.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Está el hoy, el quiero y el puedo. Está la vida que decidas vivir. Escala el muro de la indecisión........y verás las vistas.

Leonardo Resano dijo...

A veces el muro de la indecisión no me deja decidir la manera de escalarlo y pasa el tiempo sin ver las vistas. ¿Cómo escalar el muro entonces?

Anónimo dijo...

No lo sè................hay que decidirse... Solo llega el momento de escalar de "primero", confiando en ti, el equipo y el que asegura tu caída.

Anónimo dijo...

Viajar por el pasado es esperar un futuro; tal vez eternamente............