12 noviembre 2011

Cortar y lavar

Muchos pelos de la cabeza protestaron
cuando regalé un trozo de infinito
a esa mujer que llevaba por timón sus caderas.
No tener ni un pelo de tonto es complicado
pues no te da opción a la sorpresa, así que
en la peluquería trato de conservar alguno.
Veo cómo caen y llevan consigo su historia:
alguna caricia, golpes de viento, enredos y tirones,
varios de punta, juegos de manos y alguno revuelto.
Suelo avisar a la peluquera que se cuide mucho
de no cortar alguna idea que asome incipiente
por la cabeza.
Ya renovado, alguna cana asoma en este día de aire.
Y decido regalar trozos de cambio
a la primera mujer que pase sin timón ni rumbo
que no quiera tomarme el pelo...
mientras la melena empieza a despeinarse.  

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