02 abril 2012

Taleh

Un impacto seco, el corazón ya no baila canciones africanas, su madre grita horrorizada, Taleh cae al suelo.
La bala salió del rifle de Falou que obedece órdenes y las órdenes no se cuestionan, su general le dio el rifle que le llegó de manos del político que aspira a mejorar el país, en manos de otro político que también aspira a lo mismo. Ambos no aspiran sabiduría.
A estos el rifle les llegó de la partida que los países occidentales ofrecen en armas de contrabando. Un país está por encima de un individuo, la patria es lo primero pues somos seres civilizados no como los leones que no sienten orgullo de haber cruzado de una frontera a otra.
Las armas que llegaron por negocio tienen el visto bueno del político occidental que tiene el visto bueno de sus votantes; oye que si no votas no tienes derecho a quejarte aunque pagues a hacienda. Aquí también es más importante la patria; en lugar de leones hay osos, qué tontos los osos, no saben si están en España o Francia  y se pierden el orgullo de sentirse patriotas, correteando por ahí detrás de las osas sin saber que son osos de un país u otro.
Así llegamos al ciudadano de a pie, que clama al cielo por la muerte de Taleh y que sigue votando al político al que echar la culpa mientras ve tranquilamente la televisión, creyendo ser zurdos o diestros de ideas, aceptando lo que le dicen, enorgulleciéndose de su ideología a la cual pertenecen, prisioneros de identificaciones, muy lejos, demasiado lejos de la libertad.
Taleh cayó derribado por una bala que empuñamos todos, el que no quiera verlo que no lo vea. Un día el mundo explotará de ceguera.

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