07 junio 2012

Cielos vacíos

Las pequeñas manos agrietadas del niño Cheng embalan la caja donde viajará el juguete con el que no va a jugar. El oso que quedó aislado en un gran iceberg no hizo el master en cambio climático ni sabe que es un oso polar, solo que se aleja sin rumbo como sin rumbo sale el CO2 donde trabaja Liam con su ventolín, su asma y el salario mínimo que mínimamente le van a pagar.
Judith se manifiesta en contra de la globalización con sus vaqueros de marca, coca cola en mano para no decaer y habiendo quedado por las globalizadoras redes sociales en medio de símbolos contra el capitalismo del que su coche y su móvil no pueden escapar.
Salim se cita a ciegas con Esther mientras la palabra identificación hace estragos en falsas bodas organizadas según casta, religión y tradición al canto; al mismo tiempo otros esprintan camino al altar presionados por diversos miedos a acabar de modistos vistiendo santos.
Miguel aplaude a rabiar en el mitin que ofrece el líder de su partido mientras se divide de los de el otro partido que se dividen del de más allá mientras las cosas importantes y humanas se alejan cada vez más.
El cielo está vacío cuando las mentes están llenas de identificaciones grupales que te dicen cómo, qué y cuándo pensar. El cielo está vacío cuando las aves migratorias ya no saben por donde migrar, el cielo está vacío cuando escondemos el sufrimiento y miramos atrás. El cielo está vacío cuando la mente no está en libertad.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Más cielo, aunque sea vacío.
Siempre nos quedará el cielo.

Leonardo Resano dijo...

El suelo es cielo del cielo que escribí más atrás.
De momento queda el cielo pero trocitos, a ver si no terminamos estropeándolo, mejor vacío que lleno de mierda.