15 julio 2012

Del 8 al 21 por ciento

Que no, que no fue a la peluquería por el muerto sino por la gente que le iba a ver en el funeral, presumida que es una.
Llegó toda despeinada después de enterarse lo que costaba ahora condenar a la guillotina varios pelos y ordenar (democráticamente, eso sí) los que le quedaban con un buen recogido; total, a los pelos solo les preocupa si están a la izquierda o a la derecha, se dejan peinar y se les puede engañar con un poco de gomina.
No había nadie en el funeral. Ahora vale mucho dinero enterrar a un muerto así que llevaron al difunto a las puertas de la “Peluquería Moncloa” (donde el pelo echa raíz) con los pelos alborotados, despeinados, totalmente anárquicos de tanto recorte de uno u otro barbero. Apenas se veía un pelo de tonto entre la plantilla de la Moncloa pero sí muchas canas y teñidos intentando mantener esos puestos que les permiten tener buen tinte para toda la vida por siete años de lavado en buen asiento.
Ya no se puede ir al cine con estos precios, así que no es de extrañar que se monten películas fuera de las pantallas más allá de Eduardo Manos-Tijeras o zarzuelas de un sevillano barbero.

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