29 diciembre 2013

De tiempo en tiempo

Abandona todo lo que no te haga falta y jamás te sentirás abandonado (Leonardo R.)

Tenía dos pistolas de juguete y un sombrero,
una colección de risas y algunos miedos.
Para sacarle mentiras tenían
que hacerle crujir los nudillos.
Tenía muchas canicas, indios de plástico y algún sueño.
El tiempo era un invento.
Después tuvo muchos sueños y ningún sombrero.
La manipulación era más refinada para
tratar de condicionarle.
Algunos dejaron de jugar con pistolas de juguete para
jugar con creencias e ideologías con las que se sentían
mayores, comprometidos y buenos.
Organizar era sinónimo de tiempo.
Más adelante había que decidir entre el fin y los medios.
Elegir los medios le volvió medio.
Mentir era síntoma de madurez y contradecir
las palabras de los hechos
un acto de realismo y supervivencia.
Era un pacto entre adultos, sabemos que mentimos
pero no lo diremos.
El tiempo era miedo.
Ahora no juega a canicas sino
que le salen algunas por el pelo.
No colecciona nada y siguen los miedos.
Para sacarle mentiras le tienen que crujir todo el cuerpo.
Atiende a la vida más que a sí mismo
y lo simple se vuelve grande y bello.
El tiempo es cambio y el cambio es tiempo.
Un amigo de esos que llaman “ancianos” le dice
que todo fue un teatro
en el que si abandonas la máscara
se alejarán muchas personas
pero te sentirás de compañía repleto.
Y ya no existe el tiempo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Sencillo y bonito

Anónimo dijo...

Hermoso.