19 marzo 2014

Verdades

Sergiño es un hombre de 12 años que lleva a su madre el dinero que gana en la granja de gallinas regentada por un niño de 55 que se hace rico con mano de obra barata.
La sociedad es un grupo de individuos que sobrevivimos mirando para otro lado si ese lado no te va a meter en líos de verdad.
Comenzó su viaje en un país occidental, no importa el nombre, atravesó un continente y cayó en las manos de Nembo, de 11 años que sonríe al haber matado con ella un soldado de la etnia rival mientras ese país de occidente aporta un 0,5% para ayudarle a que no asesine más y hace campañas con sus solidarios ciudadanos denunciando los horrores de algunos países africanos.
La verdad es eso que se esconde detrás del telón de las apariencias, detrás de eso que no queremos mirar.
Mirjan se culpa por haber tenido sexo con una preciosa mujer de la que está enamorado que no sabe todavía que es sacerdote; Mirjan no sabe que lo que retienes te retiene, que lo natural se abre paso, que las expresiones del amor no tienen rival.
La verdad es observar si estás viviendo las mentiras que te enseñaron dese niño los demás.
La tela que cose Jiang Li, a sus 72 años en la fábrica de banderas y telas de una remota región, es esa tela que va a lucir el sindicato gubernamental con el eslogan: “El gobierno con sus trabajadores” mientras otros ciudadanos mueren por las banderas que fabrican allá.
La verdad… ¿Por qué te nombrarán para mentir? Verdad… ¿Por qué te temerán?
Nuria sigue casada con desidia (que no con Desiderio) y éste con ella refugiándose del miedo de mirar a la cara a la realidad en soledad, y cada día más solos rodeados de gente y cada día un infierno más.
La verdad está detrás de las puertas de los miedos que no te atreves a derribar.
Hace la pelota al director de la oficina mientras va perdiendo por cobardía su dignidad; sus padres están contentos, cada día asciende más, paga sus hipotecas y él cada día no entiende por qué se siente menos… ¿qué? menos persona, más agotado, mal.
En lo fácil no está la verdad, quizá en lo sencillo pero nunca se puede comprar, ganarás el mundo (y te comerá) pero no la realidad.
Hace tiempo os conté que estuve de prácticas en un psiquiátrico y un interno me preguntó si estaba loco por hablar con la higuera del patio, ¿y qué te dice ella? que no entiende porque está interna por intentar producir sandías, ¿y qué piensas de eso? Que yo también tengo sueños. Rescato esta historia porque la verdad no es de uno ni de otro, simplemente unos están atrapados fuera del psiquiátrico inventándose verdades y otros están dependientes dentro, con otras neuras más.
Mi verdad no es la verdad ni la tuya ni la de ese que está más allá, son los hechos y las consecuencias que hay afrontar.

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