19 diciembre 2014

Presencias...

Hay unas huellas por el desierto que persiguen a una persona que no mira atrás. El viento está acabando con ellas y hasta que no insistan en perseguir el pasado de un pie que pisó por allí, no disfrutarán de los granos de arena jugando con sus formas.
A la misma hora, en una gran urbe fría y húmeda, se han visto dos sombras descubiertas por la luz de las farolas. Estaban juntas, y se movían sinuosamente fundiéndose en una sola cuando se abrazaban. Se distinguían bien las formas de mujer de las dos sombras; nocturnas siluetas femeninas que alargaban las luces de la ciudad, amores atemporales que unas sombras dan fe que están allí.
Carl Jung hablaba de las sombras inconscientes que todos tenemos y nos señalan pero hasta que no las saquemos a la luz, siempre nos inquietarán.
Otra presencia se ha visto en una cena de amigos. Se trata de la imagen que está dando un hombre con una risa nerviosa carcajeándose de un chiste que no le gusta de otra persona que parece ser el centro de atención de la cena. Está agotado (esa debe de ser su sombra y su huella) de mantener la imagen. Mucha gente no sabe que mantener una imagen gasta más energía que ser tal como uno es. La amistad es relacionarse sin imágenes y disfrutar con las personas que se te acerquen por ello.
Es indispensable relatar en esta colección de presencias, un silencio tremendo, de esos que provocan sensaciones inexplicables en el cuerpo y las emociones. Solo va a durar unos segundos más. El director acaba de bajar la batuta y la presencia del silencio atestigua que el tiempo es relativo y que las palabras son limitadas; solo llegan a describir pero jamás se lanzan fuera del papel o la pantalla a experimentar silencios de pura vivencia. Como el silencio después de hacer el amor antes de que alguien introduzca palabras, o el silencio que traen las nevadas, de esas que van cayendo lentamente los copos sin viento.
Terminamos con la soledad. Esa presencia que diferencia entre estar o sentirse solo. Cosas del ego. La soledad no existe en realidad; es un invento del cerebro para describir un estado de deseos insatisfechos, grandes nostalgias que te apartan del presente y una falta de aceptación de la compañía que está ocurriendo. De hecho, no puede existir pues si haces compañía a la soledad, entonces ésta desaparece.
 

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