19 diciembre 2015

Tomando notas en la Taconera

Todo el mundo contemplaba fascinado la elegancia de los cisnes y el sonido de la berrea de un macho enfadado en el parque de la Taconera. Parece que nadie se daba cuenta de un cuervo cojo que se acercaba al agua todo chulo sin muletas. ¿Qué tiene un cisne tan tranquilo en el agua que no tenga toda una aventura de superación del cuervo cojo?
Por fin llega al estanque y para mi sorpresa se sube en un tronco de madera que estaba flotando cerca de la orilla. Me lo imagino con un parche en el ojo quitando la comida a los fastuosos cisnes con una bandera pirata.
En esas estaba cuando mi atención y más bien mis oídos, se dirigen a la conversación de tres chicas recién llegadas.
-Qué sí, Amaia, que a la gente le importa una mierda los animales. Tienes que venir a la asociación… (no sé que nombre dijo) y ya verás qué pasada.
-Cambiando de tema, yo a los que colgaría del cuello son a los… (me quedo perplejo de lo que oigo)  –responde la chica del pelo a lo garçon toda indignada.
Así seguían todo orgullosas de su posición contra el maltrato animal sin percatarse de que pedían maltratar de igual manera a determinados grupos étnicos. Es lo que tiene olvidarse que nosotros también somos animales y solemos hacer las mayores animaladas.
La gente seguía observando a los cisnes y ciervos, pues nadie nos ha enseñado si se puede sacar algo de belleza en un cuervo cojo al abordaje, un sapo o una araña. 

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