03 febrero 2016

Instantes cotidianos

Y tira el abrigo con desgana al suelo y hace una sacudida con el pie para que salga disparado el otro zapato y se suelta el sujetador y se sujeta la cabeza porque cree que se va a volver loca y se sienta en la mesa y luego se tumba en ella y llega un punto y aparte.
Resopla, se afloja la falda, estira los brazos, lanza un grito hacia la lámpara; le da la risa porque piensa que si se llega a encender le da un ataque. En esta postura le vienen buenas ideas.
Hace unos meses estuvo en otra mesa. Era de hospital, extirpación de ovarios. Hoy han hecho un ERE en su empresa. ERE le recuerda a erre que erre y erre a arre y arre a so. Así que decide parar el caballo del pensamiento.
Se levanta, va arrojando el resto de prendas por el pasillo, entra en la ducha y se siente bien y muy contenta porque pase lo que pase, siempre está a gusto con ella. Y se permite sentir, llorar, cabrearse, descabarearse, entristecerse, gustarse, equivocarse…
Y tira la toalla con ganas al suelo y hace una sacudida con el pelo tal que así que moja el espejo y se pone el albornoz y sigue viviendo el eterno instante pues ha descubierto que no existen más tiempos. 

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