17 febrero 2026

Elogio del error

Te propongo algo incómodo: defiende tu error.

No ese error zafio, hijo de la soberbia o del ego con prisas. No. Defiende el error fértil, ese atajo que tomaste porque el camino recto y conocido olía a formol. El que te trajo hasta aquí con tropezones, a este paisaje de tu vida que no figura en ningún mapa ni aparece en manuales de autoayuda con portadas sonrientes.

Los nuevos triunfadores diseccionan su biografía como cirujanos en una urgencia. Todo queda perfecto en redes sociales, limpio, embellecido… muerto. Tú no. Tú colecciona los resbalones. Que se note el desgaste, la fragilidad, esa debilidad que, a la larga, fue fuerza. El caos es un orden todavía sin bautizar, sin nombre. Sin saberlo todavía, llevas años aprendiendo ese idioma.

Cuando no defiendes tus tropiezos tratas de encajar y, si lo consigues, desapareces para siempre. Es mejor aspirar a ser la pieza que no encaja, esa pieza que obliga a cambiar el dibujo entero.

No te pido que creas en ti. Eso es una creencia. La autoayuda, ha secuestrado el verbo creer y lo ha convertido en una pegatina emocional. Pegas una, sonríes y sigues igual. No basta con creer, hay que hacer. A veces es más torpe, sale mal, hay que rehacerse y empezar de nuevo en un lugar menos cómodo y más sincero.

Lo que propongo es algo más difícil. No te rindas a la versión oficial de tu historia. A todo lo que te programó la sociedad. Suelta todas esas identidades que no te definen y te agarras a ellas como si te fuera la vida en ello.

El mundo está lleno de gente que enterró su peculiaridad o rareza para encajar, para el aplauso. Y ahora tienen el aplauso, pero han olvidado su naturaleza.

Tú no. Tú sigue siendo ese bicho raro que no sabe volar como los demás, pero ha descubierto cómo manejar el barro. A avanzar donde otros se hunden.

Y eso, no se aprende en ningún curso. Eso surge de tus propias ruinas.



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