Un abrazo sin pensamiento, un pensamiento libre, libre de líderes y promesas; no quiero teatro fuera del teatro, relacionarme con tu apariencia, ser esclavo del miedo ni encerrar el amor en necesidades egocéntricas.
Me gusta inventarme cada día, danzar al son de… ninguna persona, respirar la brisa sin pensamiento; me encanta compartir errores, brindar por cada equivocación y mandar al carajo a los que dicen que yo no puedo.
Tenemos abrazos que piden ser abrazados, infinitos en cada segundo, segundos que no les hacen falta el estrés de ser primeros, el vino, el baile a tu manera, las caricias en busca de caricias, un paseo paseando por mi cabeza.
No nos hacen falta lunas ni soles ni “te quieros” ni querer un té, cuando eso uno ya lo experimenta. Tenemos juegos que piden ser jugados, canciones, el misterio del bosque, el destino que tu mismo forjas, el guerrero que llevamos dentro, la enorme capacidad que espera ser explotada, tú eres tu guía tu líder y tu maestro.
Me permito tener dudas, pedir ayuda, decir no y mentir a la mentira. Podemos sacar muchos ases de la manga, hacer cortes de mangas a los que se reparten la tierra, leer nuestra historia, a la mierda las banderas, que vivan las personas que a tu lado sin máscaras se acercan. Manos que te miran, miradas que te desnudan, la eterna amistad de esa persona que siempre te espera.
No tendremos poderes ni inmunidad ni privilegios, ni falta que nos hace, tenemos un “par” para seguir adelante, recibir los golpes de la vida, la mente libre y eso supera a cualquier privilegio. Lo vitalicio no va con nosotros, tenemos algo más grande cuando grandes nos hacemos si compartimos lo que tenemos.
También tenemos miedos y esos miedos no nos impiden hacer lo que queremos. Tenemos ilusión allá donde la atención dirigimos pasando de lo que de nosotros esperan. Tenemos, queremos y podemos. Que no te quede duda, por supuesto que podemos.