12 enero 2021

04 enero 2021

Nieblas pasadas

El cine tenía nombre de isla mítica, de continente perdido. La adolescencia es esa patria que nadie ubica, tierra de nadie, de quiero y no puedo, de “me da igual”, de egocentrismo sin el disimulo que vendrá luego, de caos.

Una temporada pusieron pelis de miedo. Entrábamos haciéndonos los valientes, una broma por aquí, una sonrisilla nerviosa por allá y las miradas a las chicas que, por supuesto, eran más valientes.

Recuerdo que se titulaba “La Niebla” en los años 80 y cada vez que aparecía la bruma, unas criaturas asesinas surgían y la mayoría mirábamos a través de los dedos entreabiertos de las manos. Poco a poco iban desapareciendo chicos del cine, con alguna excusa para hacerse los valientes, vamos, que no les quedaba otra que irse.

Eran tiempos de intermedio para coger palomitas, bebidas azucaradas y aplausos al final de la trama. El caso es que, una vez aguantamos hasta el final, salimos dos amigos del cine y ¡Había niebla en la calle! Mi casa, al final del pueblo, tenía un largo trecho como para ir solo envuelto en esa neblina después de sobrevivir a varios sustos. Así pues, me fui con mi amigo a su casa, donde el inicio de la adolescencia y sus miedos se curaban con un poco de pan con chocolate y un repaso a las aventuras que al día siguiente quedaban por recorrer.



01 enero 2021

A mi manera

Era una flauta echa con madera de roble y sonaba como… bueno, sonaba fatal. El niño insistía todos los días junto al lago y las notas salían al aire peleándose y espantando a los pájaros.

Un día, una vieja profesora de música se acercó al escuchar semejante estruendo y le preguntó si quería que le enseñara a tocar mejor. El niño le respondió que él ya tocaba muy bien.

Ella le pidió si le dejaba tocarla un rato. En el mismo momento que empezó la sintonía todo parecía ir bien, hasta algún jilguero se acercó y las aguas del lago se calmaron.

-Parece que no le pasa nada a la flauta, debe ser que el flautista necesita alguna que otra lección -concluyó la profesora en tono de ironía.

-Si no le pasa nada… ¿Me deja continuar con mi canción?



27 diciembre 2020

Vacunándose

En tiempos de vacunas deberíamos aprovechar y suministrar, ya puestos, la inyección de realidad.

Tiene efectos secundarios, eso sí, que habría que aceptar a cambio de sentirse más libre, que no más feliz. De pronto uno dejaría de ser lo que tiene, se caería el personaje y saldrían a flote los auto-engaños. Las personas verían la mierda como mierda, la soberbia como lo que es y el alpiste que nos echan para manipularnos (creencia en la felicidad duradera exenta de incomodidad) quedaría al descubierto y la revolución sería tal, que el mundo caería como un castillo de naipes.

La vacuna de realidad se guarda bajo siete llaves:

La llave de las necesidades creadas para distraernos

La llave de “dame de lo mío lo primero”

La llave de necesito un líder al que adorar o echar la culpa

La llave de la queja y la excusa

La llave del miedo a ser libre, a ir contracorriente, a no pertenecer…

La llave de “el universo gira alrededor de mí”

La llave que no ves y la puerta que siempre estuvo abierta


13 agosto 2020

Mas... turbación

 

Algunas etimologías llevan la palabra a “perturbar con la mano”

Esta palabra es de lo más interesante pues aparece en casi todos los temas de la vida y ha perturbado en la historia, no la mano (ni lo que toca la mano) sino la mente y las instituciones creadas para censurar el inevitable placer.

En la época moderna empezó a liarlo todo Freud viendo penes en cada objeto punzante o tieso y vaginas en cuevas y agujeros varios. A ver, que es más simple. ¿Por qué algo que todo el mundo entiende se convirtió en algo complicado e incluso incómodo de pronunciar?

Ahora la palabra adquiere nuevas expresiones y la masturbación se convierte en autobombo, competiciones de felicidad varias y adoración al físico (no me refiero a Einstein) como algo que si no lo tienes todo (sobre todo la felicidad) a niveles estratosféricos, puedes turbarte mucho, incluso sin la mano y más si alguien se entera de cuál es tu realidad.

En definitiva, hemos pasado de instituciones que censuraban aquello que les obsesionaba y gustaba, a subliminar la palabra en la imagen personal. Con lo fácil que sería practicar lo natural como natural. Es decir, una piedra es una piedra, el agua está húmeda, las aves suelen tener alas y las personas se pueden turbar con la mano o con lo que les venga en gana, porque la vida es ganas, de lo que quieras, pero sin censurar lo natural.

Hace falta más turbación y menos manipulación. Pero nadie se turba ya por nada, costumbrismo, adoctrinamiento, politiqueo, obediencia. No sé, no sé…

10 julio 2020

Más allá del tablero


He visto un peón de ajedrez herido en el suelo. Supongo que lo habrá arrollado un caballo desbocado, huyendo de “la insoportable levedad del ser” (vaya título se sacó Kundera para la novela)
El compañero del peón se ha quedado firme manteniendo la posición, que eso es lo nos piden, ser complacientes en el modo en que está montado el tablero. Si no quieres que te señalen haz lo que se espera de ti como pieza de ajedrez, no te salgas del guion y, sobre todo, apoya a un líder con el cual te identifiques.
En la novela, Sabina quiere vivir sin pesos ni ataduras. Me pregunto si eso es posible sin salirse del insoportable tablero, de lo esperado y del grupo.
He visto como un peón de ajedrez ha tropezado. Quizá un día nos atrevamos a tropezar más a menudo y nos demos cuenta que las piezas más fuertes tampoco gobiernan. Hay dos jugadores mirando el tablero y la mirada puedes ser tú si percibes cómo está montado el juego.
Al final de la partida, el peón y el rey van a la misma caja (proverbio italiano)


19 mayo 2020

Un poco de luz (aprendiendo del faro)

El faro está lejos, solo y apartado de la comunidad. Por eso es útil.

Ilumina en circunstancias adversas siendo una guía para navegantes, una esperanza real, una sorpresa en el horizonte y una buena señal.

Hay momentos que debemos estar solos y encontrar nuestro faro. Esa luz que no se puede manipular, ese brillo que asusta y que podemos entregar, la fuerza inmensa que escondimos por miedo, esa verdad que no quisimos sacar.

El faro es torre y luz, fuerza e iluminación. Es el momento de despertar.

1) Todo es transitorio como los barcos que buscan el faro. Lo que nos preocupa es el “mientras”. Aprende a vivir con todo (incómodo y cómodo) y establece un compromiso real. Aceptar significa vivir con ello, que no rendirse a ello.

2) Yo dirijo mi mente. Soy el farero. Excepto si dejo que la marejada coja el timón, que es lo que suele pasar. Puedo elegir hacia dónde dirigir la atención. Soy el que elige y no lo elegido, no soy la comida sino el cocinero, no soy lo que pienso sino el que piensa. Asume la dirección de la mente y disfruta de las pequeñas cosas.

3) Agradecer. Si haces una lista de lo que puedes hacer y de lo que tienes en lugar de aquello que ya no puedes hacer o no tienes, quizá, quién sabe, empieces a valorarlo. Tú eliges cómo navegar.

4) Solidaridad. Que no sea una palabra, que no sea una competición de “egos”, que no sea un negocio… Aquello que nace de la luz interna, incondicionada y libre, es solidario. No te eches “faroles” conviértete en el farero. Si iluminas a otros te iluminas a ti como un espejo. ¿Cómo? No hay “cómo”, la solidaridad es reacción y consecuencia. Si la comunidad mejora, tú progresas pues eres comunidad.

5) No controles. A no ser que quieras aumentar la tensión mental. El barco perdido está preparado, pero no controla todo pues, si lo hiciera, no saldría a la mar. Pueden ocurrir tormentas, accidentes y un sinfín de acontecimientos. Si tratas de controlarlos el controlado serás tú, por tu propio miedo, por tu propia mente.

6) Crear. Para que Ulises regrese a Ítaca tiene que pasar por toda una Odisea. Así que hay que agudizar el ingenio pues el viaje es largo hasta que se logre encontrar un faro. La creatividad es la ilusión de la vida; un poema, conversaciones, juegos, diario de viaje, nuevas formas de ayuda… Para instalarse en lo nuevo, hay que dejar espacio en la mente descartando lo que sobra, la moda y automatismos establecidos que me impiden crear.

7) Renuncia. El barco también suelta lastre y muchas veces arria suntuosas velas para equilibrarse. El camino más rápido a la estabilidad mental es darse cuenta de aquellas cosas a las que estoy apegado, me tienen atrapado y no me atrevo a renunciar. Ya sea una adicción, miedos, complejos, personas, etc. Llega un momento en la vida que hay que aprender a renunciar para no renunciar a la vida.

8) Serenidad. Mantener la calma en mitad de la tormenta sin perder el timón… es muy fácil decirlo y lo que nos interesa es que ocurra en realidad. La serenidad llega como consecuencia del autoconocimiento.

El timón es mi atención, el barco la vida y los imprevistos cómodos e incómodos el mar. La serenidad llega cuando comprendo que todo es navegar. Todo se mueve.

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